Objetivos de desarrollo sostenible y su relación con los determinantes de la salud

     El 25 de septiembre de 2015 y basados en los determinantes de salud de los 193 estados miembros de las Naciones Unidas, se adoptaron los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, cuyo objetivo es un mundo más justo y pacífico y que, según lo previsto, deberían guiar las acciones de la comunidad internacional por los próximos 15 años (2016-2030). Dicha agenda incluye 17 objetivos, 169 metas y 230 indicaciones. Los objetivos son los siguientes:

  1. Fin de la pobreza
  2. Hambre cero
  3. Salud y bienestar
  4. Educación de calidad
  5. Igualdad de género
  6. Agua limpia y saneamiento
  7. Energía asequible y no contaminante
  8. Trabajo decente y crecimiento económico
  9. Industria, innovación e infraestructura
  10. Reducción de las desigualdades
  11. Ciudades y comunidades sostenibles
  12. Producción y consumo responsables
  13. Acción por el clima
  14. Vida submarina
  15. Vida de ecosistemas terrestres
  16. Paz, justicia e instituciones sólidas
  17. Alianza para lograr los objetivos
    Es imprescindible hacer énfasis en el análisis que se ha realizado sobre los determinantes de salud para poder estableces dichos objetivos que, a su vez, conllevarían a un mundo ideal, en el que no haya desigualdad y el crecimiento y desarrollo sean equitativos y proporcionales para todos los individuos. En este punto, la alimentación y la agricultura son clave para alcanzar los objetivos de desarrollo sostenible; con un enfoque en el desarrollo rural y la inversión en la agricultura: cultivos, ganado, silvicultura, pesca y acuicultura, son poderosas herramientas para terminar con la pobreza y el hambre y alcanzar el desarrollo sostenible.
    Además, la agricultura juega un importante rol en el combate contra el cambio climático, así como .o son las reformar a la arquitectura urbana, la industria, a la producción y consumo responsables para que no haya desperdicio de recursos y, por último, la adopción de fuentes de energía que ocasionen la menor cantidad de contaminación y que, a su vez, mejores las condiciones ambientes que heredaremos a futuras generaciones.
    Asimismo, cabe mencionar que, alcanzando el crecimiento y desarrollo desde los estratos socioeconómicos más bajos, con trabajos mejor pagados y remesas con menos intereses, se logrará un efecto en cascada que conllevará a estrechar la brecha de oportunidades, que hoy en día es uno de los mayores retos.
    Con relación a la epidemia por COVID-19 que ha azotado a la población, es cierto que creó estragos a nivel mundial y retrasando el poco avance que se había logrado llevándolo casi al punto de partida. Sin embargo dicha pandemia sólo fue el detonante de las malas prácticas económicas predominantes y que no han logrado cumplir los objetivos de la OCDE. De no hacer algo al respecto, la desigualdad social aumentará y la brecha cada vez irá aumentando y, con ello, la desigualdad social. Falta que gobiernos y personas nos adentremos más en el tema, nos eduquemos en materia de igualdad social y creemos empatía para lograr un bien común en aras de un desarrollo sostenible ya que, de otra manera, de nada servirán los esfuerzos de los pioneros que nos están dando la pauta a seguir y, por consiguiente, terminaremos con mayores índices de pobreza, falta de recursos y depresión social. Mientras eso suceda queda mucho por hacer, desde nuestras trincheras, no podemos darnos por vencidos.

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